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jueves, 24 de noviembre de 2011

Humanidad VS deshumanidad

Érase una vez, en un mundo no tan lejano como creéis.
Existían dos grandes pueblos que dominaban el planeta tierra.

Esos dos pueblos eran muy diferentes el uno del otro.
Hasta podría decirse que eran totalmente lo contrario.
El Ying y el Yang.
Blanco y negro.
Vida y muerte.
Bondad y Maldad.

Ambos vivían mejor sin tener noticias el uno del otro.
Perfectamente separados por límites territoriales.
Cada uno con sus reglas. Costumbres.
Ojalá hubiese seguido así.

El pueblo más situado al oeste, no tenía problemas de ningún tipo.
Vivía con total tranquilidad. En armonía con la naturaleza.
En un continuo y etéreo sueño.
Sus habitantes convivían sin guerras, sin peleas. Es más, se ayudaban unos a otros.
La muerte de alguno de ellos, significaba una gran pérdida para todos.
Era una pieza vital menos, en el gran puzzle que constituía su sociedad.

No eran ricos. No sabían lo que era la riqueza.
Bueno si. Eran ricos en espíritu.
Y no poseían nada más que lo indispensable para vivir día a día.

La sencillez. Era su secreto.

En cuanto al pueblo más al este. Qué podría decir de él.
Continuas eran las disputas. Por toda clase de cosas.
Por todo. Por nada.
Una guerra sucedía a otra guerra.
Y otro invento.
Y otro intento por apoderarse de todo lo que poseen los demás.
Por ser mejor que ellos.
Eran pocos los ricos. Pero ninguno era rico en sentimientos.
En eso todos eran pobres.
Mendigos.

La avaricia. Era su condena.

Un buen día. O quizá debiera decir malo.
El pueblo del este. En su continuo sentimiento de avaricia,
Pensó en invadir al pueblo del oeste.

Y se dispusieron a ello. Tomaron todas sus armas.
Principalmente, las que parecían menos peligrosas y más útiles.
Los llamados “Avances Tecnológicos” que harían tu vida más fácil.
Así los llamaban.

Y sin dar lugar a ningún debate o rendición.
Aniquilaron cualquier rastro que pudiera quedar de la civilización del oeste.
Tan sencilla. Tan natural. Tan humana.

Y en el mundo solo quedó rastro de un pueblo.
Una forma de pensar.
Una forma de proceder.
Se hicieron con todo.
Ese pueblo se llamaba “Humanidad”.

Y aún hoy, continúa en su eterno empeño por adueñarse de todo y de todos.
Tan poderosa. Desarrollada. Rica en materia, pero pobre en espíritu.
Ya que solo eso, logra llenar el vacío que poseen en su interior.
Aunque lo nieguen.
Aunque intenten negarlo.

¿No querríais volver a esa humanidad que ha sido aniquilada?
Esa. La más sencilla. ¿Y finalmente feliz?

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